La prevención de la violencia sexual entre menores y adolescentes obliga a actuar antes de que determinadas conductas desemboquen en situaciones que requieran una respuesta policial, judicial o asistencial. El entorno educativo, las relaciones digitales, la detección temprana y la capacidad de generar confianza adquieren en este ámbito una importancia especial.
La figura del Agente Tutor ofrece una posición singular para trabajar en ese espacio preventivo. Su presencia continuada en el entorno del menor y su integración en redes en las que intervienen Educación, Servicios Sociales, Fiscalía, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y comunidad educativa permiten incorporar la perspectiva policial sin sustituir las competencias de los profesionales y unidades especializadas.
La Policía Local de València se encuentra actualmente desarrollando su modelo de Agente Tutor sobre una estructura de proximidad. El proyecto contempla una primera formación de 60 policías de barrio, una experiencia piloto en dos colegios y un instituto por cada Comisaría de Proximidad, su seguimiento y valoración y, posteriormente, la incorporación de nuevos agentes formados y la extensión a más centros.
El modelo delimita expresamente sus funciones. El Agente Tutor trabaja en prevención, detección temprana, derivación, presencia y seguimiento en el entorno escolar y coordinación con los diferentes recursos. No investiga delitos, no sustituye a psicólogos, educadores o trabajadores sociales, ni asume las funciones correspondientes a otras unidades policiales especializadas.
Para abordar esta realidad, Canal de Noticias USECIM cuenta con una perspectiva especialmente vinculada a los dos ámbitos que confluyen en esta entrevista. Estefanía Navarrete Ibáñez, comisaria de la Policía Local de València, es responsable de Relaciones Institucionales de la Asociación Nacional de Agentes Tutores y Tutoras de España (ANAT) y jefa del Centro Integral para la Prevención de la Violencia de Género (CIVIG) y de la Sala 092 del Centro Integral de Seguridad y Emergencias (CISE).
Con ella analizamos el potencial del Agente Tutor como herramienta de prevención de la violencia sexual entre menores y adolescentes, pero también las decisiones organizativas, los límites, los recursos y los mecanismos de coordinación que condicionan la eficacia y consolidación del modelo.
USECIM: Desde una perspectiva preventiva, ¿hasta dónde puede anticiparse una Policía Local a través del Agente Tutor o Tutora y dónde considera que existe actualmente mayor margen para hacerlo?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Precisamente ahí está, para mí, uno de los mayores valores del Agente Tutor: en la posibilidad de trabajar policialmente antes de que los hechos se produzcan. Estamos muy acostumbrados a identificar la actuación policial con la reacción ante un hecho que ya ha ocurrido, pero la función policial también es prevención y, cuando hablamos de menores, esa capacidad preventiva adquiere una importancia aún mayor.
El Agente Tutor nos permite estar antes, no llegar únicamente cuando ya tenemos un problema. Estar en los centros, conocer a los chicos y chicas, hablar con el profesorado y con las familias y generar una relación de confianza hace posible detectar situaciones que todavía no son un hecho delictivo, pero que nos están diciendo que algo puede estar empezando a ocurrir.
Ahí podemos trabajar cuestiones muy concretas: el respeto, los límites, el consentimiento, la presión de grupo, el control dentro de una relación, el uso de imágenes íntimas o determinados comportamientos en redes sociales. Y esto es importante: no se trata de criminalizar conductas adolescentes. Se trata de darles herramientas y de intervenir a tiempo para evitar que una situación de riesgo termine convirtiéndose en una situación de violencia o victimización.
Creo que tenemos muchísimo margen en esa prevención temprana y, especialmente, en todo lo relacionado con el entorno digital. Esa es, en buena medida, la filosofía del Agente Tutor.
En València llevamos más de veinte años desarrollando nuestro programa «Ayudar a Prevenir», en cuyo marco realizamos charlas y actividades relacionadas con temas de especial interés para los niños, niñas y adolescentes, siempre desde una perspectiva preventiva y de cercanía con la comunidad educativa.
Este mismo año, además, el Ayuntamiento de València y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) han firmado el Acuerdo Marco para la adhesión de la Policía Local de València al Programa Agente Tutor.
Se trata de un programa mucho más ambicioso, que va más allá de las charlas y de las actuaciones puntuales y que entendemos necesario para una ciudad como València. Estamos poniendo mucha ilusión en su implantación y, especialmente, en la formación de los y las agentes que van a desarrollarlo.
Y queremos hacerlo, además, sin perder todo lo aprendido durante estos más de veinte años. Nuestra intención es que el Programa Agente Tutor incorpore también nuestra propia impronta: la experiencia acumulada con «Ayudar a Prevenir», la cercanía con los centros educativos y el conocimiento y la relación que durante todos estos años hemos construido con el tejido educativo de nuestra ciudad.
“El Agente Tutor nos permite estar antes, no llegar únicamente cuando ya tenemos un problema.”
USECIM: Cuando tanto las posibles víctimas como quienes ejercen determinadas conductas pueden ser menores o adolescentes, ¿cómo condiciona esa realidad el enfoque policial de la prevención?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Lo condiciona mucho, porque estamos trabajando con menores en ambos lados de una situación. Podemos tener un menor que está siendo víctima y, al mismo tiempo, otro menor que está empezando a desarrollar conductas de control, presión o violencia. Y con ese segundo menor también tenemos todavía una capacidad preventiva y educativa muy importante.
Por supuesto, la protección de la víctima es prioritaria, pero no podemos limitar nuestra mirada a intervenir cuando el daño ya está hecho. Tenemos que intentar detectar esas conductas cuando empiezan y trabajar sobre ellas antes de que se normalicen o se agraven.
Además, esto obliga a trabajar de manera coordinada e interseccional con la familia, el centro educativo, los servicios sociales y, cuando corresponda, los profesionales o unidades especializadas. La Policía no educa sola ni protege sola. Formamos parte de una red, y en menores esa idea es especialmente importante.

La confianza y la proximidad permiten detectar situaciones de riesgo antes de que desemboquen en problemas de mayor gravedad.
USECIM: Una de las ventajas atribuidas al Agente Tutor es su presencia continuada y su conocimiento del entorno. ¿Qué información, señales o situaciones puede llegar a detectar desde esa posición que difícilmente aflorarían mediante los canales policiales convencionales?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Muchas veces no estamos hablando de una gran revelación. Son pequeños cambios que, por separado, quizá no significan demasiado, pero que cuando conoces al o la menor y su entorno empiezan a tener sentido.
Puede ser un cambio brusco de comportamiento, absentismo, aislamiento, conflictos que se repiten, miedo a una determinada persona, problemas relacionados con el móvil, rumores, difusión de imágenes, conductas de control dentro de una relación o algo que comenta un profesor, una familia o incluso otro alumno.
La diferencia es que el Agente Tutor no aparece por primera vez cuando surge el problema. Ya estaba allí antes. El alumnado sabe quién es, el profesorado lo conoce y las familias pueden tener una referencia. Esa continuidad facilita mucho que determinadas situaciones afloren antes y que podamos detectarlas en una fase mucho más temprana.
USECIM: Esa capacidad depende en buena medida de la confianza. ¿Cómo se consigue que un adolescente perciba al Agente Tutor como una persona a la que puede acudir ante un problema sin desdibujar su condición de policía y agente de la autoridad?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Creo que ahí es donde reside la fortaleza de los y las agentes tutoras y tutores. Esa dicotomía es muy poderosa si se sabe conjugar. El Agente Tutor tiene que ser una figura cercana, pero no tiene que dejar de ser policía para serlo.
La confianza no se consigue con una charla puntual. Se construye con tiempo, presencia y coherencia. El adolescente tiene que verte más de una vez, saber quién eres y comprobar que, cuando te cuenta algo, lo escuchas, lo tomas en serio y le das una respuesta adecuada.
Y, al mismo tiempo, tiene que saber que está hablando con un policía, con un agente de la autoridad, y que hay situaciones ante las que tenemos obligación de actuar. No debemos confundir cercanía con falta de límites.
“La confianza no se consigue con una charla puntual. Se construye con tiempo, presencia y coherencia.”
USECIM: La prevención no termina en el centro educativo y sitúa también a las familias ante situaciones para las que no siempre disponen de herramientas. ¿Qué papel deben desempeñar padres y tutores dentro de este modelo y cómo puede trabajar el Agente Tutor con ellos sin trasladarles funciones que corresponden a profesionales especializados?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Las familias son fundamentales y, además, muchas veces son quienes primero perciben que algo ha cambiado. El problema es que también se encuentran con situaciones que no saben cómo manejar, sobre todo en todo lo relacionado con redes sociales, relaciones afectivas o determinados usos del teléfono móvil.
El Agente Tutor puede orientar, informar, ayudar a identificar señales y, sobre todo, facilitar que esa familia llegue al recurso adecuado cuando lo necesita. También puede servir de enlace con el centro educativo o con otros servicios.
Pero aquí tenemos que ser muy claros con los límites. No somos psicólogos, educadores ni trabajadores sociales. No se trata de sustituir a nadie. Se trata de aportar nuestra visión policial y nuestra capacidad de prevención dentro de una respuesta coordinada, sabiendo en cada momento hasta dónde llega nuestra función y cuándo debe intervenir otro profesional.

El entorno digital forma parte de la realidad cotidiana de los menores y exige prevención, educación y acompañamiento.
USECIM: Buena parte de las relaciones entre adolescentes se desarrolla también a través del teléfono móvil y las redes sociales. ¿Qué capacidad preventiva real puede tener el Agente Tutor ante fenómenos como el grooming, el sexting de riesgo, la difusión de imágenes íntimas, las presiones sexuales digitales o determinadas concepciones erróneas sobre el consentimiento?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Hoy no podemos separar la vida presencial de un adolescente de su vida digital. Para ellos y ellas no son dos mundos distintos. Sus relaciones, sus conflictos y también muchas de sus primeras experiencias afectivas se desarrollan a través del teléfono.
Por eso hay un trabajo preventivo muy importante. Hay que hablar con ellos de qué ocurre cuando envían una imagen íntima y pierden el control sobre ella, de cómo identificar una situación de grooming, de la presión para conseguir fotografías o vídeos, de la difusión sin consentimiento y, por supuesto, de qué significa realmente consentir.
Y creo que tenemos que hacerlo sin caer únicamente en el «esto no se hace». Ese mensaje, por sí solo, sirve de poco. Tenemos que explicarles por qué, enseñarles a reconocer situaciones de riesgo y, sobre todo, conseguir que sepan dónde acudir si algo les pasa. Que pedir ayuda no sea el último paso, sino una opción que tengan presente desde el principio, y que sepan a quién acudir.
“Que pedir ayuda no sea el último paso, sino una opción que tengan presente desde el principio, y que sepan a quién acudir.”
USECIM: En el entorno digital, muchas de estas conductas se producen fuera del centro educativo. ¿Qué dificultades plantea esta realidad para un modelo policial construido fundamentalmente desde la proximidad?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Nos obliga a entender la proximidad de otra manera. Ya no podemos pensar que proximidad significa únicamente estar físicamente cerca.
Un problema puede empezar a las once de la noche en un grupo de mensajería y aparecer a la mañana siguiente dentro de un instituto. Y al revés: un conflicto que empieza en el aula puede continuar durante horas en redes sociales.
El Agente Tutor tiene que conocer esa realidad y saber moverse dentro de ella desde el punto de vista preventivo. Eso no significa que tenga que investigar todo lo que ocurre en internet. Significa que tiene que saber detectar cuándo hay un riesgo, orientar, conservar la información que pueda ser relevante y activar, si es necesario, a la unidad o al recurso competente.
USECIM: El proyecto de València sitúa al Agente Tutor dentro de una red en la que participan Educación, Servicios Sociales, Fiscalía, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y comunidad educativa. Más allá de afirmar que la coordinación es necesaria, ¿qué condiciones deben darse para que esa red funcione realmente cuando aparece una situación de riesgo?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Para que funcione de verdad no puede depender únicamente de que las personas se conozcan o tengan buena voluntad. Tiene que haber procedimientos claros, referentes identificados y canales de comunicación que estén establecidos de antemano.
Cada uno tiene que saber qué puede hacer, qué debe comunicar, a quién y en qué momento. Y también qué información puede compartir y cuál no.
Para mí hay una idea básica: el centro de la intervención tiene que ser el menor, no nuestras estructuras administrativas. Eso no significa mezclar competencias; significa justamente lo contrario, tenerlas claras para que cada profesional pueda hacer su trabajo y la respuesta no se fragmente. El Agente Tutor puede ser una pieza muy útil en esa conexión entre el centro, la familia, la Policía y el resto de los recursos.

La intervención del Agente Tutor requiere coordinación con el centro educativo, las familias y los profesionales que trabajan con menores.
USECIM: El trabajo en red requiere compartir información entre distintos profesionales e instituciones, pero estamos hablando de menores y de situaciones especialmente sensibles. ¿Cómo se compatibiliza la necesidad de disponer de información suficiente para prevenir y actuar a tiempo con las garantías que deben presidir su tratamiento y circulación?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Con protocolos, criterio profesional y compartiendo únicamente la información necesaria. Trabajar en red no significa que todo el mundo tenga que saberlo todo.
Estamos hablando de menores y, muchas veces, de información especialmente sensible. Por eso hay que tener muy claro quién necesita conocer una información para poder intervenir y con qué finalidad.
También creo que una buena coordinación debe evitar que un o una menor tenga que contar una y otra vez una experiencia difícil simplemente porque nuestras organizaciones no se comunican bien. Proteger al menor también es cuidar cómo tratamos su información y evitar exposiciones o intervenciones que no sean necesarias.
USECIM: Cuando intervienen tantos actores, uno de los riesgos puede ser precisamente la fragmentación de la respuesta. ¿Cómo se determina quién debe asumir cada situación y en qué momento debe producirse la derivación hacia otro servicio o unidad especializada?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Eso tiene que estar previsto antes de que aparezca el caso. Si esperamos a tener una situación complicada para decidir quién hace qué, llegamos tarde.
El Agente Tutor debe saber qué situaciones puede abordar desde la prevención y la proximidad y cuáles requieren ya la intervención de otro servicio o de una unidad especializada.
Y para mí derivar no es quitarse un problema de encima. Derivar es reconocer que hay otro profesional que tiene la competencia y las herramientas adecuadas para esa fase de la intervención. Si aparecen indicios de delito, una situación de desprotección o una problemática que necesita una respuesta especializada, hay que activar ese recurso.
El valor del Agente Tutor está en detectar, conectar y acompañar, no en pretender hacerlo todo.
USECIM: El Agente Tutor no investiga delitos, no sustituye a trabajadores sociales, educadores o psicólogos y tampoco asume las funciones de otras unidades policiales especializadas. ¿Por qué considera especialmente importante fijar esos límites desde el propio diseño del servicio?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Porque si queremos que el Agente Tutor sea a la vez investigador, psicólogo, trabajador social, educador y policía, terminaremos creando una figura imposible y, además, perderemos aquello que realmente la hace útil.
Su valor está en la prevención, la proximidad, la detección temprana y la capacidad de conectar al menor y a su entorno con los recursos adecuados.
Tener límites claros no debilita el modelo. Al contrario, lo hace más serio. Cada profesional tiene que hacer aquello para lo que está formado y asumir la responsabilidad que le corresponde. Eso evita duplicidades, interferencias y también falsas expectativas sobre lo que puede hacer un Agente Tutor.
“Tener límites claros no debilita el modelo. Al contrario, lo hace más serio.”
USECIM: ¿Cómo debe articularse la relación entre el Agente Tutor y las unidades policiales especializadas cuando durante el trabajo preventivo aparecen indicios de una situación que puede requerir una intervención diferente?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Tiene que existir un canal claro y conocido por todos. El Agente Tutor debe saber a qué unidad dirigirse, qué información trasladar y cómo actuar en ese primer momento para no interferir en una posible investigación.
Cuando aparecen indicios que requieren una actuación especializada, la unidad competente tiene que asumir esa parte. Y el Agente Tutor debe respetarlo.
Eso no significa que desaparezca de la vida del menor. Puede seguir siendo una referencia en el centro y mantener una presencia preventiva, siempre de manera coordinada y sin entrar en funciones que ya corresponden a otros compañeros o profesionales.

El Programa Agente Tutor necesita respaldo organizativo, coordinación interna y continuidad para no depender exclusivamente de iniciativas individuales.
USECIM: Detectar y derivar una situación no necesariamente pone fin a la intervención preventiva. Una vez que el caso ha pasado al recurso competente, ¿qué papel debe mantener el Agente Tutor y hasta dónde debería llegar su seguimiento dentro del entorno del menor?
ESTEFANÍA NAVARRETE: El menor sigue yendo a su colegio o a su instituto, sigue viviendo en su barrio y sigue relacionándose con las mismas personas. Por eso el Agente Tutor puede seguir teniendo un papel importante, aunque el caso haya pasado a otro recurso.
Puede mantener una presencia normalizada, estar atento a posibles cambios o nuevas situaciones de riesgo y seguir siendo una persona de referencia dentro del entorno del menor.
Pero siempre respetando el trabajo de quien haya asumido el caso. Para mí la idea es sencilla: acompañar no es invadir competencias. Se puede seguir estando cerca sin interferir.
USECIM: València ha optado inicialmente por formar como Agentes Tutores a policías de barrio. Desde el punto de vista organizativo, ¿qué ventajas ofrece integrar esta función en estructuras de proximidad frente a la creación de una unidad completamente diferenciada?
ESTEFANÍA NAVARRETE: En València hemos querido partir de una estructura que ya existe y que tiene mucho sentido para este programa: la Policía de Proximidad o policías de barrio.
El proyecto contempla una primera formación de 60 policías de barrio y una experiencia piloto en dos colegios y un instituto por cada Comisaría de Proximidad. La idea es empezar, evaluar cómo funciona y, a partir de ahí, incorporar progresivamente nuevos agentes y centros.
Para mí la principal ventaja es que el Agente Tutor no llega al barrio como una figura externa. Es un policía que ya trabaja en ese territorio, que conoce su realidad y que puede conocer también sus centros, sus recursos y sus problemáticas porque ya ha entrado en ellos a dar charlas.
Además, nos permite que la filosofía del programa vaya entrando en la propia estructura de proximidad de la Policía Local de València y también en el tejido educativo, en lugar de crear desde el principio una unidad separada del resto de la organización. Evidentemente, esta figura tiene un camino de especialización y nuestros agentes van a seguir formándose de la mano de los cursos homologados para desarrollar esta figura, pero este inicio consideramos que nos va a dar un bagaje muy potente y nos va a ir dando un expertise progresivo que, sin duda, nos hará mejorar año tras año.
USECIM: La especialización no depende únicamente de recibir formación. ¿Qué perfil, capacidades y aptitudes considera necesarias en un policía que va a trabajar de manera continuada con menores, centros educativos y familias?
ESTEFANÍA NAVARRETE: La formación es imprescindible, pero no creo que un curso convierta automáticamente a cualquier policía en un buen Agente Tutor.
Hay una parte personal que es muy importante. Hace falta capacidad de escucha, empatía, paciencia, habilidades de comunicación, equilibrio y facilidad para trabajar con otros profesionales. Y también saber relacionarse con adolescentes de una forma natural, sin paternalismo, pero sin olvidar nunca que somos policías.
Además, creo que la motivación cuenta mucho. No todo el mundo se siente cómodo trabajando de manera continuada con menores, familias y centros educativos. Por eso, junto con la formación, tenemos que buscar perfiles adecuados y personas que realmente quieran desarrollar esta función. Por eso considero que la implantación progresiva es una de las mejores maneras de seleccionar poco a poco al personal más idóneo.

Formar a nuevos agentes permite garantizar el relevo y consolidar el Programa Agente Tutor como una función estable dentro de la organización policial.
USECIM: El proyecto prevé comenzar con dos colegios y un instituto por cada Comisaría de Proximidad antes de extender el modelo a nuevos centros. ¿Qué quieren aprender de esa primera experiencia y qué aspectos del funcionamiento van a resultar determinantes antes de decidir su expansión?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Precisamente hacemos un piloto porque queremos aprender antes de extender el modelo. No queremos dar por hecho que todo va a funcionar exactamente como lo hemos diseñado sobre el papel.
Queremos ver qué demanda realmente cada centro, cuánto tiempo necesita un Agente Tutor para hacer bien su trabajo, qué tipo de intervenciones aparecen, cómo funcionan los canales de coordinación y cómo reciben la figura el alumnado, las familias y el profesorado.
También queremos detectar nuestras propias dificultades organizativas: qué funciona, qué hay que corregir y qué recursos necesitamos realmente. La idea es empezar con una estructura asumible, evaluarla con seriedad y crecer después sobre algo que ya sabemos que funciona en nuestra ciudad.
USECIM: Implantar un modelo de estas características exige formación, presencia continuada en los centros, coordinación y seguimiento, en organizaciones que también deben atender el resto de sus servicios. Desde una perspectiva de mando, ¿qué condiciones organizativas y de recursos considera necesarias para que el Agente Tutor pueda desarrollar realmente su función y no quede reducido a actuaciones puntuales?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Para mí esta es una de las cuestiones más importantes. Si queremos tener un verdadero Programa Agente Tutor, tiene que formar parte de la planificación policial. No puede depender de que ese día haya menos trabajo o de que al agente le quede un hueco.
Hace falta formación, agentes de referencia, tiempo, coordinación, supervisión y continuidad. Si queremos generar confianza con un centro y con su alumnado, necesitamos presencia habitual, no solo puntual. Y eso tiene que estar previsto en la organización del servicio.
A veces la prevención es menos visible que una intervención policial inmediata, pero no por eso es menos trabajo policial. Si la organización cree en el programa, tiene que traducirlo en planificación y recursos. Si no, corremos el riesgo de quedarnos en charlas o actuaciones puntuales y perder precisamente lo que da sentido a la figura.
Es un proyecto ilusionante para una ciudad como València. Estamos hablando de más de 160 centros que imparten Primaria y más de un centenar que imparten Educación Secundaria Obligatoria, con más de 70.000 alumnos únicamente en estas dos etapas educativas.
Desde la Jefatura del Cuerpo se ha apostado fuerte por esta figura, tanto es así que en escasos días seremos anfitriones del Congreso Nacional de Agentes Tutores que se celebrará en el Palau de la Música de València los días 15 y 16 de octubre. En él compartiremos experiencias con policías de toda España dedicados a la prevención escolar y para nosotros es un honor que el Plan Nacional sobre Drogas, la FEMP y ANAT nos hayan elegido sede. Estamos muy comprometidos con este proyecto preventivo que ya tiene un bagaje muy grande y que València quiere impulsar.
“Si queremos tener un verdadero Programa Agente Tutor, tiene que formar parte de la planificación policial.”
USECIM: En prevención existe una dificultad añadida: aquello que se evita no siempre resulta visible. ¿Cómo puede medirse la eficacia del Agente Tutor y qué indicadores permitirían saber si está contribuyendo realmente a reducir situaciones de riesgo y mejorar la protección de los menores?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Es complicado, porque es mucho más fácil contar una denuncia o una intervención que medir algo que hemos conseguido que no ocurra.
Por eso creo que tenemos que mirar varias cosas. Evidentemente habrá datos cuantitativos: intervenciones, situaciones detectadas, derivaciones, absentismo, conflictos, actuaciones relacionadas con redes sociales, reuniones de coordinación… Pero también necesitamos indicadores cualitativos.
Por ejemplo, si los centros recurren al Agente Tutor antes de que un problema se agrave, si el alumnado empieza a pedir ayuda de manera más temprana, si las familias saben a quién acudir, si mejora la coordinación entre los recursos o cómo valoran el recurso el alumnado, el profesorado y las familias …
No creo que debamos medir el éxito únicamente por cuántas veces interviene el Agente Tutor. También tenemos que preguntarnos cuántas veces hemos conseguido anticiparnos y si estamos llegando antes a los problemas y, por supuesto, si la figura es aceptada y querida por alumnado, familias y profesorado.
La experiencia del Agente Tutor, con más de veinte años de implantación, es que sí, que esta figura es un antes y un después en la relación entre Policía, menor, centro educativo y recursos.
“No creo que debamos medir el éxito únicamente por cuántas veces interviene el Agente Tutor. También tenemos que preguntarnos cuántas veces hemos conseguido anticiparnos.”
USECIM: Si la experiencia demuestra resultados positivos, ¿qué elementos considera imprescindibles para que el modelo pueda consolidarse en una organización policial y no dependa únicamente del impulso inicial de determinadas personas o responsables?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Tiene que dejar de depender de personas concretas y convertirse en parte de la organización.
Todos conocemos proyectos que funcionan muy bien mientras hay alguien especialmente implicado y que se debilitan cuando esa persona cambia de puesto. Si queremos que esto tenga continuidad, necesitamos procedimientos, formación permanente, responsables, planificación, indicadores, evaluación y mecanismos de coordinación que permanezcan.
También necesitamos formar a más personas para garantizar los relevos y evitar que todo dependa de unos pocos agentes.
Y, sobre todo, la prevención con menores tiene que asumirse como una función policial estructural. Cuando eso ocurre, el programa deja de ser «el proyecto de alguien» y pasa a ser una forma de trabajar de la organización.

Comisaria Estefanía Navarrete, Policía Local de València.
USECIM: Desde la experiencia que están desarrollando en València y el conocimiento acumulado por los Agentes Tutores en España, ¿qué debería plantearse hoy un jefe de Policía Local que quisiera reforzar la capacidad preventiva de su organización frente a la violencia sexual entre menores y adolescentes?
ESTEFANÍA NAVARRETE: Yo empezaría haciéndome una pregunta muy sencilla: ¿estamos llegando a nuestros menores antes de que tengan un problema relacionado con este tema o solamente cuando el problema ya se ha producido?
Si la respuesta es que normalmente llegamos después, ahí tenemos un espacio preventivo enorme.
Implantar un Programa Agente Tutor no es mandar policías a los colegios ni hacer un calendario de charlas. Es construir una forma de trabajar basada en la proximidad, la especialización, la confianza y la coordinación con quienes ya trabajan con esos menores.
Y las Policías Locales tenemos una ventaja muy importante: estamos cerca. Estamos en los barrios, cerca de los centros educativos, de las familias y de los espacios en los que los y las menores desarrollan su vida cotidiana. Esa cercanía nos da una oportunidad preventiva que tenemos que saber aprovechar.
No se trata de sustituir a nadie. Se trata de ocupar bien nuestro espacio dentro de la red de protección. Para mí, esa es la idea de fondo: una Policía que protege no es solo la que responde bien cuando algo ocurre; también es la que trabaja para intentar que no llegue a ocurrir.
OSCAR ETXEBARRIA
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