La prevención del racismo, la xenofobia y los delitos de odio constituye uno de los grandes desafíos para las administraciones públicas en una sociedad cada vez más diversa y conectada. Afrontar esta realidad exige conocimiento, cooperación institucional y una respuesta coordinada capaz de fortalecer la convivencia y proteger los derechos fundamentales.
En este contexto, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) desempeña un papel clave mediante el análisis de estos fenómenos, la generación de conocimiento y el impulso de iniciativas orientadas a apoyar las políticas públicas y favorecer la coordinación entre las distintas instituciones implicadas.
En esta entrevista, Tomás Fernández Villazala, director del OBERAXE, analiza la labor que desarrolla el Observatorio, los principales retos que afrontan las administraciones públicas y la importancia de la cooperación institucional para avanzar hacia una respuesta cada vez más eficaz frente a los delitos de odio.
BLOQUE I. El papel del OBERAXE
USECIM: El racismo, la xenofobia y los delitos de odio suelen abordarse desde perspectivas jurídicas o sociales. Sin embargo, OBERAXE desarrolla una labor mucho más amplia. ¿Cuál es hoy la misión del Observatorio y qué papel desempeña dentro del conjunto de las administraciones públicas?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Efectivamente, el abordaje del racismo y la xenofobia exige ir mucho más allá de la mera respuesta punitiva o de la intervención social puntual. La misión fundamental del OBERAXE es actuar como el centro neurálgico de conocimiento, análisis estratégico y monitorización continua sobre los mensajes de odio que, como mínimo, van en contra de las normas de las plataformas digitales en este ámbito.
Nuestra labor no sustituye la investigación policial o judicial, ni la atención directa a las víctimas, competencias que corresponden a otros órganos específicos, sino que se sitúa en la prevención, el diagnóstico y la articulación de políticas públicas basadas en evidencias.

En la actualidad, el papel de OBERAXE dentro de la Administración General del Estado se articula en tres ejes clave:
- Observación y monitorización tecnológica: A través del uso de herramientas avanzadas de inteligencia artificial, como el sistema FARO, realizamos un seguimiento sistemático del discurso de odio en el entorno digital y redes sociales. Esto nos permite detectar problemáticas de índole social que puedan servir para prevenir que se trasladen al ámbito físico mediante la colaboración institucional, así como evaluar la tasa de retirada de contenidos por parte de las plataformas, entre otras.
- Generación de conocimiento y datos fiables: Elaboramos boletines, estudios e informes periódicos que sirven de base para que los legisladores, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, los órganos de justicia y los servicios sociales diseñen estrategias públicas informadas y eficientes.
- Coordinación e impulso interinstitucional: Actuamos como puente entre los distintos niveles de la Administración (estatal, autonómico y local), la sociedad civil y los organismos internacionales (como la Comisión Europea o la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea). Facilitamos el intercambio de buenas prácticas, la elaboración de protocolos comunes y la formación especializada de los agentes implicados en la protección de los derechos fundamentales.

En definitiva, OBERAXE busca ser el «faro» de la Administración Pública para anteponerse a las nuevas formas de intolerancia, garantizando que el principio de igualdad de trato y no discriminación sea una realidad efectiva en una sociedad democrática, diversa y plural.
OBERAXE convierte el análisis, la tecnología y la cooperación institucional en herramientas para prevenir los delitos de odio antes de que lleguen al ámbito físico.
USECIM: El trabajo del OBERAXE combina análisis, generación de conocimiento, coordinación institucional y apoyo a las políticas públicas. ¿Cómo se complementan estas líneas de actuación para contribuir a una respuesta más eficaz frente a la discriminación y los delitos de odio?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Estas líneas de actuación del OBERAXE no son compartimentos estancos, sino un circuito continuo que retroalimenta la eficacia de las políticas públicas en este ámbito. El proceso comienza transformando el análisis técnico de redes sociales y datos en conocimiento riguroso sobre tendencias de odio y vulnerabilidades. A partir de esa evidencia objetiva, se facilita la coordinación institucional con ministerios, fuerzas de seguridad y comunidades autónomas, asegurando un lenguaje común y una detección más precisa.
Este diagnóstico compartido se traduce finalmente en apoyo práctico mediante medidas concretas, como el diseño de protocolos, reformas normativas y formaciones especializadas. En definitiva, la respuesta frente a la intolerancia exige un enfoque integral: sin el análisis se actuaría a ciegas y sin la coordinación se duplicarían esfuerzos. La función clave del OBERAXE radica en conectar la evidencia científica con la decisión política y operativa para garantizar una protección unificada, ágil y fundamentada.
«La función clave del OBERAXE radica en conectar la evidencia científica con la decisión política y operativa para garantizar una protección unificada, ágil y fundamentada.»
USECIM: Usted asume la dirección del OBERAXE tras una larga trayectoria profesional vinculada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y al ámbito de los delitos de odio. ¿Qué aporta esa experiencia a la forma en que hoy entiende y dirige el trabajo del Observatorio?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Mi paso durante años por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, donde continúo incardinado como Comandante de la Guardia Civil, y muy especialmente en el área operacional y de coordinación frente a los delitos de odio en la última década, creo que me aporta una visión eminentemente práctica, pragmática y pegada a la realidad del terreno.
En el ámbito policial conoces de primera mano el impacto real del delito de odio: la vulnerabilidad de la víctima, la agresividad de las dinámicas radicales y la urgencia de dar respuestas eficaces en la calle. Trasladar esa vivencia a la dirección del OBERAXE me permite imprimir al Observatorio una orientación muy clara: que nuestro trabajo de análisis y generación de conocimiento sea verdaderamente útil para quienes están en la primera línea de respuesta.
Esta trayectoria previa aporta a la gestión actual tres activos clave: una orientación operativa y preventiva que utiliza el análisis de datos como inteligencia para evitar que el odio digital trascienda a agresiones físicas; una sólida cultura de coordinación que, al conocer las necesidades de fiscalías, fuerzas de seguridad y el tercer sector, permite hablar un lenguaje común y diseñar herramientas eficaces; y un enfoque integral del ciclo del odio, entendiendo que la protección de los derechos fundamentales no se limita a la sanción penal, sino que abarca desde la detección precoz hasta la atención completa a la víctima.
En definitiva, esa trayectoria me ayuda a dirigir el OBERAXE con la convicción de que la observación y el análisis deben ser el motor que alimente unas políticas públicas preventivas, coordinadas y firmemente comprometidas con los valores democráticos.

BLOQUE II. Conocer para prevenir
USECIM: La prevención exige comprender previamente la realidad sobre la que se actúa. ¿Qué información o indicadores considera imprescindibles para conocer la verdadera dimensión de los delitos de odio y de las distintas formas de discriminación?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Para conocer la dimensión real de esta problemática no basta con mirar una sola fotografía; necesitamos una visión holística y tridimensional que combine los datos policiales y judiciales con la realidad social y el entorno digital.
Si queremos prevenir con eficacia, debemos articular nuestra medición en torno a tres grandes bloques de indicadores e información imprescindible:
1. El marco del entorno digital y la tasa de retirada (Online):
En el ámbito de la monitorización en redes sociales (donde actuamos de forma directa a través de sistemas como FARO), el indicador clave no es solo el volumen bruto de mensajes de odio detectados, sino la tipología del discurso, su capacidad de viralización y la tasa de respuesta de las plataformas. Medir el tiempo que tardan las grandes redes en retirar los contenidos notificables y analizar las narrativas emergentes nos permite prever dinámicas de radicalización y anticipar posibles picos de polarización.

2. El fenómeno de la infradenuncia (Underreporting):
Las estadísticas oficiales sobre delitos de odio (atestados policiales, sentencias) son esenciales, pero solo muestran la «punta del iceberg». Un indicador indispensable para medir la dimensión real son las encuestas de victimización y percepción. Conocer los motivos por los cuales las víctimas no denuncian es crucial para ajustar los recursos públicos y romper ese muro de silencio.
3. La caracterización detallada de la víctima y del agresor:
Para diseñar políticas públicas de prevención eficaces necesitamos datos desagregados y precisos: no solo el motivo o vector de discriminación (racismo, xenofobia, aversión por orientación sexual, ideología, etc.), sino la interseccionalidad (edad, género, situación administrativa) y los entornos o espacios donde se producen las agresiones (espacio público, ámbito laboral, entorno educativo o deportivo). Y por ello son muy importantes los estudios que se van desarrollando en este campo y donde la colaboración interinstitucional es necesaria.
En definitiva, ningún indicador por sí solo refleja la magnitud completa de la intolerancia. Es la combinación sistemática del análisis de datos digitales, la estadística delictiva y los estudios cualitativos de victimización lo que nos da el mapa de situación preciso sobre el que poder construir una prevención pública sólida.
«No basta con mirar una sola fotografía; necesitamos una visión holística y tridimensional que combine los datos policiales y judiciales con la realidad social y el entorno digital.»
USECIM: ¿Cuáles son, a su juicio, los principales retos que afrontan actualmente las administraciones públicas para prevenir estos fenómenos antes de que deriven en situaciones de mayor conflictividad?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Las administraciones públicas se enfrentan a un escenario complejo y cambiante donde los discursos de odio no se comportan de forma lineal. Para evitar que la intolerancia o la polarización deriven en incidentes violentos y agresiones en el espacio físico, se podrían citar algunos de esos retos estratégicos:
1. Veloz adaptación a la transposición del odio digital al plano físico:
Hoy en día, la semilla del conflicto casi siempre germina en las redes sociales. Las dinámicas digitales funcionan a una velocidad vertiginosa y la desinformación o los discursos de odio se viralizan en cuestión de minutos. El gran reto de la Administración es acortar los tiempos de respuesta: debemos pasar de una prevención reactiva a una capacidad de detección precoz y respuesta temprana, utilizando herramientas analíticas e inteligencia artificial que nos permitan identificar focos de tensión antes de que escalen a la calle.

2. Vencer la invisibilidad y reducir la infradenuncia (Underreporting):
No se puede prevenir adecuadamente aquello que no se conoce. El alto porcentaje de víctimas que optan por no acudir a las instituciones o no denunciar genera bolsas de desprotección e impunidad. Un desafío prioritario es generar confianza ciudadana, simplificando los canales de notificación, garantizando una atención libre de prejuicios y garantizando que la respuesta institucional sea rápida, accesible y coordinada.
3. Cooperación interinstitucional:
La respuesta a los delitos de odio no es competencia exclusiva de un solo ministerio, departamento o nivel de gobierno. El reto estriba en romper los «silos» de información y lograr una verdadera interoperabilidad entre el ámbito policial, la justicia, los servicios sociales, la educación y los organismos independientes de igualdad. La prevención exige que el flujo de datos y la activación de protocolos sean fluidos tanto a nivel estatal como autonómico y local.
Esto se consigue gracias al Acuerdo Interinstitucional para cooperar contra el racismo, la xenofobia, la LGTBIfobia y otras formas de intolerancia, donde el OBERAXE ostenta la secretaría técnica permanente.
En definitiva, el reto de fondo es transitar de un modelo centrado únicamente en la sanción a un modelo público de prevención integral, donde la tecnología, la formación y la cooperación institucional nos permitan intervenir antes de que la convivencia pacífica se resquebraje.
USECIM: La convivencia constituye uno de los pilares de cualquier sociedad democrática. Desde la experiencia del OBERAXE, ¿qué factores contribuyen con mayor eficacia a fortalecerla en un contexto cada vez más diverso?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Para el OBERAXE, la convivencia pacífica no es un estado estático, sino una construcción diaria impulsada, a mi entender, por cuatro pilares clave. El primero es la igualdad de trato real, que garantiza la protección de los derechos fundamentales sin discriminación ni indefensión. El segundo es la educación y el pensamiento crítico, fundamentales para dotar a la ciudadanía, y especialmente a la juventud, de herramientas de alfabetización digital para detectar fake news, manipulación algorítmica y discursos polarizadores en redes sociales.
Los dos pilares restantes abarcan la construcción de narrativas positivas, que combaten el prejuicio visibilizando la diversidad con datos rigurosos, y la corresponsabilidad con la sociedad civil y el sector privado. Este último eje subraya que la paz social no depende únicamente del Estado, sino del compromiso de los medios, el tercer sector y, de forma prioritaria, las plataformas digitales mediante el cumplimiento de normas y acuerdos de autorregulación.
En definitiva, fortalecer la convivencia en la diversidad exige transitar del mero «respeto» formal a la inclusión activa y la colaboración, asegurando que toda persona, independientemente de su origen, ideología o condición, se sienta parte protegida y respetada dentro del proyecto común democrático.

BLOQUE III. Cooperación institucional
USECIM: La respuesta frente a los delitos de odio requiere la participación de múltiples instituciones y organismos. ¿Qué importancia tiene la cooperación institucional y cuáles son las principales dificultades para lograr una coordinación realmente eficaz?
TOMÁS FERNÁNDEZ: La cooperación institucional no es un mero complemento operativo, es el eje vertebrador indispensable de cualquier estrategia frente a los delitos de odio y la discriminación. Este fenómeno es poliédrico: atraviesa la seguridad ciudadana, la administración de justicia, los servicios sociales, la educación, el ámbito digital y la protección de derechos fundamentales. Por tanto, ninguna institución por sí sola tiene la capacidad ni los recursos necesarios para ofrecer una respuesta completa.
La importancia de la coordinación radica en que permite abordar el ciclo integral de la protección: desde la prevención temprana y el análisis del discurso en redes sociales, pasando por la investigación policial y judicial, hasta la atención reparadora a la víctima. Si la cadena institucional falla en uno de sus eslabones, todo el sistema de protección pierde eficacia.
Desde OBERAXE se trabaja en dos órganos de gran trascendencia, tanto en el ámbito institucional como en la colaboración con el tercer sector:
- El Foro Social para la Integración de los Inmigrantes: órgano colegiado de consulta, información y asesoramiento del Gobierno en materia de integración de la población inmigrante en España. Con una composición tripartita que reúne a las Administraciones Públicas, las organizaciones no gubernamentales del sector y las asociaciones de inmigrantes y sindicatos, su objetivo principal es promover la cohesión social y la igualdad de derechos. A través de la formulación de propuestas, la emisión de dictámenes sobre iniciativas legislativas y el análisis de la realidad migratoria, el Foro actúa como un espacio clave de participación ciudadana y diálogo estructurado para orientar las políticas públicas hacia una integración real y efectiva.
- El Acuerdo para cooperar institucionalmente contra el racismo, la xenofobia, la LGTBIfobia y otras formas de intolerancia es un marco de colaboración clave impulsado en España por la Secretaría de Estado de Migraciones, cuya secretaría técnica ostenta de forma permanente el OBERAXE. Su objetivo principal es articular una respuesta pública unificada, coordinando a ministerios clave, el Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para hablar un mismo lenguaje operativo. Gracias a esta alianza interinstitucional, se facilita la detección precoz del odio, la recolección rigurosa de datos, la formación especializada de operadores jurídicos y policiales, y el diseño de protocolos y políticas públicas con un enfoque integral y preventivo.
«La cooperación institucional no es un mero complemento operativo, es el eje vertebrador indispensable de cualquier estrategia frente a los delitos de odio y la discriminación.»
USECIM: Las administraciones locales mantienen un contacto directo y permanente con la ciudadanía. ¿Qué papel pueden desempeñar en la prevención de la discriminación y en la promoción de la convivencia?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Las administraciones locales son el «nivel» más cercano a los ciudadanos. Por su proximidad cotidiana con los vecinos y vecinas, los ayuntamientos no son solo receptores de la realidad comunitaria, sino la institución con mayor capacidad para detectar de forma temprana las tensiones, los prejuicios o los conatos de conflictividad antes de que escalen.
Desde el OBERAXE consideramos que el ámbito local desempeña un papel principal, ya que, por un lado, permite la detección precoz y alerta temprana del deterioro del clima social mediante los servicios comunitarios y las policías locales. Además, los municipios garantizan la atención directa y acompañamiento a las víctimas, ofreciendo un primer espacio seguro para romper el círculo de la infradenuncia mediante apoyo jurídico y psicosocial.
Por otro lado, los ayuntamientos son esenciales para el trabajo comunitario y la convivencia a pie de calle, promoviendo un uso inclusivo del espacio público (escuelas, centros culturales o deportes) para desmontar estereotipos y luchar contra los prejuicios. Por último, esta dimensión local impulsa la creación de redes de colaboración e intercambio de buenas prácticas, en las que el OBERAXE aporta datos, herramientas y capacitación para que los planes y observatorios municipales exitosos puedan replicarse en otros territorios.
En definitiva, la política local es el laboratorio real donde la convivencia se pone a prueba cada día. Sin el compromiso de los ayuntamientos, cualquier estrategia estatal o internacional contra el racismo y la intolerancia se quedaría en una mera declaración de intenciones.

USECIM: Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad constituyen uno de los actores fundamentales en este ámbito. Desde la perspectiva del OBERAXE, ¿qué aspectos considera prioritarios para seguir avanzando en la prevención, detección y respuesta frente a los delitos de odio?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (Policía Nacional, Guardia Civil, Policías Autonómicas y Policías Locales) son un pilar institucional en la protección de los derechos fundamentales. Son quienes están en la primera línea de contacto con la víctima y quienes garantizan que las agresiones o conductas discriminatorias no queden impunes.
Para seguir perfeccionando la respuesta policial ante los delitos de odio, el OBERAXE propone priorizar varios ejes estratégicos. Por un lado, destaca el rigor en los indicadores de motivación discriminatoria, crucial para registrar correctamente la motivación de odio desde la primera intervención, lo que facilita el trabajo de la fiscalía, el judicial y garantiza datos de calidad. A esto se suma la formación continua y la empatía institucional, que busca agentes formados en normativa actualizada y capacitados para ofrecer una atención sensible a los colectivos vulnerables, reduciendo así la infradenuncia.
Por otro lado, la estrategia abarca la inteligencia prospectiva online y la coordinación operativa. Potenciar el ciberpatrullaje y las herramientas analíticas en el entorno digital permite anticipar picos de tensión antes de que se traduzcan en agresiones físicas. Finalmente, resulta indispensable consolidar la cooperación a pie de calle mediante alianzas entre los cuerpos estatales, autonómicos, las Policías Locales y el tercer sector, tejiendo una red de protección integral más cercana y eficaz para la víctima.
En definitiva, se trata de consolidar un modelo policial de alta especialización, profundamente preventivo y volcado en la protección de la víctima, donde la eficacia operativa vaya siempre de la mano de la máxima garantía de los valores democráticos.
La prevención eficaz solo es posible cuando administraciones, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, universidades, entidades sociales y empresas tecnológicas trabajan como una misma red.
USECIM: Más allá de las administraciones públicas, también participan universidades, entidades sociales, organismos internacionales y empresas tecnológicas. ¿Qué aporta esta colaboración multidisciplinar al trabajo que desarrolla el OBERAXE?
TOMÁS FERNÁNDEZ: La colaboración multidisciplinar en el OBERAXE resulta estratégicamente imprescindible para abordar el racismo, la xenofobia y los discursos de odio desde una perspectiva integral. Por un lado, el ámbito académico y universitario aporta el rigor metodológico e innovador necesario para respaldar las herramientas del Observatorio en la evidencia científica. Por otro lado, las entidades sociales ofrecen la cercanía a la realidad de las víctimas, aportando una visión cualitativa clave para visibilizar la infradenuncia y mantener la orientación humana en la toma de decisiones.
A escala global, la cooperación continua con organismos internacionales como la Comisión Europea o la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE, entre otros, garantiza que la respuesta en España se alinee con los estándares europeos y las mejores prácticas. Esta proyección exterior permite compartir metodologías, participar en monitorizaciones conjuntas y posicionar al modelo español como un referente en el marco comunitario.
Finalmente, el trabajo coordinado con el sector tecnológico y las plataformas de redes sociales resulta crucial para frenar el odio en el entorno digital. Esta alianza permite agilizar la notificación y retirada de contenidos ilícitos, evaluar de forma objetiva el cumplimiento de los códigos de conducta y exigir la aplicación efectiva de normativas europeas clave, como el Reglamento de Servicios Digitales.
En definitiva, la respuesta frente a la intolerancia en el siglo XXI solo puede ser en red. Sumar la ciencia de la universidad, la humanidad de las entidades sociales, el respaldo normativo internacional y el potencial técnico del sector digital es lo que nos permite en el OBERAXE ofrecer una respuesta pública verdaderamente integral, moderna y eficaz.

BLOQUE IV. Tecnología y nuevos escenarios
USECIM: La transformación digital ha modificado profundamente la forma en que se difunden determinados mensajes. ¿Cómo ha cambiado Internet y, especialmente, las redes sociales, el escenario en el que trabaja OBERAXE?
TOMÁS FERNÁNDEZ: La transformación digital no solo ha modificado el escenario de actuación del OBERAXE, lo ha redefinido por completo. Si hace años el racismo, la xenofobia o los delitos de odio se manifestaban de forma física y localizada en entornos muy específicos, hoy el ecosistema digital se ha convertido en el principal vector de propagación, amplificación y normalización de los discursos de intolerancia.
En el OBERAXE, la digitalización ha transformado la lucha contra la discriminación al enfrentarse a la velocidad y viralidad del entorno online, donde los bulos y discursos xenófobos se propagan al instante. Este escenario se ve agravado por la impunidad que ofrece el anonimato y por determinados algoritmos, los cuales premian la indignación y amplifican artificialmente la polarización. Además, existe un impacto directo en el espacio físico, ya que la crispación y la estigmatización vertidas en las redes actúan como una semilla que termina derivando en agresiones y conflictos reales en las calles.
Para responder a este desafío, el Observatorio ha experimentado una evolución metodológica radical, pasando del análisis manual a herramientas avanzadas de inteligencia artificial y procesamiento del lenguaje natural, como el sistema FARO. Esta tecnología permite rastrear masivamente grandes volúmenes de datos en plataformas como X, YouTube, TikTok o Instagram, categorizar las narrativas de odio en tiempo real y evaluar con precisión la eficacia de las redes sociales en la retirada de contenidos ilícitos.
«La transformación digital no solo ha modificado el escenario de actuación del OBERAXE, lo ha redefinido por completo.»
USECIM: En los últimos años el Observatorio ha impulsado distintas iniciativas y herramientas para mejorar el conocimiento de estos fenómenos y apoyar la toma de decisiones de las administraciones públicas. ¿Qué proyectos o metodologías destacaría por su utilidad o capacidad para generar un mayor impacto?
TOMÁS FERNÁNDEZ: En esta última etapa, la prioridad del OBERAXE ha sido dotar a las instituciones públicas de herramientas metodológicas rigurosas, operativas y de aplicación directa. A nivel tecnológico y divulgativo, destaca el desarrollo del sistema FARO, un ecosistema de inteligencia artificial que rastrea de forma continua el odio en redes sociales para detectar patrones de discriminación en tiempo real. Esta información masiva se traduce en boletines y mapas de riesgo que ofrecen alertas tempranas a las administraciones y Fuerzas de Seguridad, al tiempo que se elaboran guías e indicadores destinados a homogenizar la recogida de datos y combatir la infradenuncia.

Paralelamente, el Observatorio actúa como un referente en el Monitoreo Europeo del Código de Conducta impulsado por la Comisión Europea, al evaluar el grado de cumplimiento de las grandes plataformas digitales en la retirada de contenidos ilícitos, garantizando un control objetivo sobre sus tiempos de respuesta y tasas de acierto en el marco del Reglamento de Servicios Digitales (DSA).
A esta batería de herramientas se suman proyectos europeos clave enfocados en la acción directa y la capacitación:
- REAL UP: Enfocado en la evaluación del odio online y el desarrollo de contranarrativas efectivas mediante la promoción del discurso upstander (intervención activa del ciudadano frente a la intolerancia).
- CISDO (Cooperación Interpolicial y Social contra los Delitos de Odio): Destinado a reforzar las competencias de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del tercer sector para mejorar la prevención, detección y respuesta coordinada ante los incidentes de odio.
USECIM: La tecnología ofrece nuevas capacidades para analizar información y detectar tendencias. ¿Qué oportunidades presentan herramientas como la inteligencia artificial para mejorar el conocimiento y la prevención de estos fenómenos?
TOMÁS FERNÁNDEZ: La inteligencia artificial y las tecnologías de analítica avanzada representan un salto cualitativo histórico para las administraciones públicas, permitiendo pasar de un modelo reactivo basado en análisis manuales a uno de observación en tiempo real. Gracias al procesamiento del lenguaje natural y al aprendizaje automático, la IA aporta una capacidad de procesamiento masivo capaz de auditar millones de interacciones diarias y detectar sesgos sutiles, ironías o lenguajes en clave que eluden los filtros tradicionales. Esto posibilita la generación de alertas tempranas para anticipar conflictos, permitiendo intervenir o activar contranarrativas antes de que la tensión digital escale a violencia física.
Por otro lado, la tecnología desarrollada desde el sector público actúa como una herramienta clave para la auditoría independiente de las plataformas digitales. Permite medir de forma objetiva los tiempos de respuesta y la efectividad en la retirada de contenidos notificados, garantizando el cumplimiento de normativas como el Reglamento de Servicios Digitales (DSA). En última instancia, este nivel de análisis detallado aporta evidencia científica rigurosa sobre los colectivos más vulnerables y las causas de la polarización, ofreciendo el mejor insumo para que los responsables políticos diseñen planes de prevención específicos, adaptados y eficaces.
No obstante, en el OBERAXE somos plenamente conscientes de que la tecnología es un medio, no un fin. La inteligencia artificial debe aplicarse siempre bajo la estricta supervisión humana, garantizando el respeto absoluto a los derechos fundamentales, la neutralidad, la ética pública y la protección de la libertad de expresión.
«La tecnología es un medio, no un fin.»
USECIM: Al mismo tiempo, toda innovación plantea nuevos desafíos. ¿Cuáles considera que son los principales retos para garantizar un uso responsable y equilibrado de estas tecnologías?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Aunque la tecnología ofrece un enorme potencial, su despliegue en las instituciones públicas debe regirse garantizando el respeto a la libertad de expresión y la neutralidad, asegurando que los algoritmos distingan con precisión el discurso de odio ilegal o, al menos, aquel que va en contra de las normas de la comunidad de las plataformas, de las meras opiniones provocadoras o críticas legítimas.
Para mitigar estos riesgos, resulta imprescindible la supervisión humana, donde la inteligencia artificial se concibe únicamente como apoyo analítico y la validación final recae siempre en profesionales formados.
En definitiva, el gran desafío de las administraciones públicas no es únicamente ser tecnológicamente avanzadas, sino garantizar que la tecnología esté siempre al servicio de la democracia, de los derechos humanos y de la cohesión social, utilizando la innovación con el máximo rigor ético y normativo.

BLOQUE V. Mirando al futuro
USECIM: La sensibilización social continúa siendo uno de los grandes desafíos. ¿Qué papel debe desempeñar la educación para construir sociedades más inclusivas y resilientes frente a los discursos de odio?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Dado que la respuesta penal interviene una vez producido el daño, la educación se consolida como el cortafuegos más eficaz e integrador a largo plazo frente al racismo y la intolerancia. En un entorno fuertemente digitalizado, resulta imprescindible impulsar la alfabetización mediática y el pensamiento crítico para dotar a la juventud de herramientas que les permitan identificar bulos, fake news y manipulaciones algorítmicas. Asimismo, el sistema educativo debe cimentarse en la enseñanza transversal de valores democráticos y derechos humanos, promoviendo la empatía y visibilizando la diversidad como una riqueza colectiva que desmonte los «estereotipos de odio».
Para garantizar que las aulas sean espacios totalmente seguros, es indispensable implementar protocolos escolares ágiles que detecten y respondan precozmente ante el acoso o ciberacoso discriminatorio con un enfoque pedagógico y reparador. Por último, este modelo exige la implicación activa de toda la comunidad educativa —profesorado, familias, administraciones y entidades sociales—, asegurando una formación docente especializada que permita abordar debates complejos, identificar indicadores de motivación discriminatoria y sostener una cultura continua de convivencia.
En definitiva, la educación no solo previene el odio; construye una sociedad. Una sociedad educada en valores, libre de prejuicios y con capacidad crítica es una sociedad resistente a la manipulación, capaz de defender sus principios democráticos ante cualquier desafío.
«La educación no solo previene el odio; construye una sociedad.»
USECIM: Si tuviera que identificar una prioridad estratégica para las administraciones públicas durante los próximos años, ¿cuál considera que debería ser?
TOMÁS FERNÁNDEZ: La prioridad transversal de las administraciones públicas radica en consolidar un modelo de «Prevención Inteligente e Integrada» que anticipe los conflictos en el entorno digital para proteger la convivencia en el espacio físico. Para superar la reactividad tradicional y dar respuesta a la velocidad del odio online, es fundamental transitar del mero dato a la acción prospectiva. Ello implica emplear la inteligencia artificial de forma ética para generar alertas tempranas sobre campañas xenófobas y focos de tensión, permitiendo que los sectores educativo, social y de seguridad intervengan de forma preventiva antes de que la crispación se traduzca en agresiones en la calle.
En definitiva, la gran prioridad para los próximos años es construir una administración pública proactiva, tecnológicamente avanzada y profundamente humana, capaz de salvaguardar los valores democráticos y la paz social frente a los complejos desafíos de la era digital.

Tomás Fernández Villazala, director del OBERAXE.
USECIM: Desde su experiencia al frente del OBERAXE, ¿qué mensaje trasladaría a los responsables públicos que, desde distintos ámbitos competenciales, trabajan diariamente para fortalecer la convivencia y proteger los derechos fundamentales?
TOMÁS FERNÁNDEZ: Les trasladaría, en primer lugar, un mensaje de reconocimiento, respaldo y profunda responsabilidad compartida. Proteger la convivencia y los derechos fundamentales en un escenario crecientemente complejo, polarizado y digitalizado no es un trabajo sencillo; requiere un compromiso ético y vocacional de primer orden por parte de quienes están al frente de la gestión pública.
El OBERAXE fundamenta su labor pública en la convicción de que la lucha contra la discriminación exige superar los compartimentos estancos e impulsar un proyecto común. Ningún actor público puede ni debe trabajar este desafío de forma separada. La eficacia depende de la fortaleza de la red institucional, por lo que resulta imprescindible construir alianzas basadas en la cooperación, la interoperabilidad y un lenguaje compartido.
Asimismo, considero que la prevención constituye la mejor inversión para evitar el sufrimiento humano y proteger el tejido social, lo que requiere anticiparse mediante el análisis de datos o la educación en pensamiento crítico, entre otras cosas. Por último, esta visión estratégica exige mantener siempre una dimensión humana: recordar que detrás de cada dato o protocolo hay una persona, situando a las víctimas en el centro para garantizar que perciban a las instituciones como un escudo accesible, empático y libre de prejuicios.
En definitiva, les diría que perseveren con rigor, convicción y altura de miras. La convivencia pacífica y la igualdad de trato no son logros garantizados para siempre, sino valores que se defienden con el trabajo constante de cada día. En esa labor decisiva, el OBERAXE seguirá siendo siempre un aliado riguroso y con la mano tendida.
Anticipar, cooperar y generar confianza: tres pilares para proteger la convivencia democrática en la era digital.
USECIM: Para finalizar, ¿cómo le gustaría que evolucionara el papel del OBERAXE en los próximos años y cuál cree que debería ser su principal aportación a la sociedad?
TOMÁS FERNÁNDEZ: En los próximos años, el OBERAXE aspira a consolidarse como un organismo público de referencia, uniendo el rigor del análisis sociológico con la vanguardia tecnológica en el entorno digital. Para ello, busca evolucionar como un nodo de alerta temprana que, apoyándose en la inteligencia artificial ética, anticipe dinámicas de odio, desinformación y polarización social. Este enfoque prospectivo permitirá que el Observatorio supere el mero diagnóstico a posteriori y aporte datos útiles para que los poderes públicos adopten medidas preventivas rápidas y eficaces.
Por otro lado, el Observatorio seguirá potenciando su rol como puente e impulsor de la interoperabilidad institucional, conectando a las diferentes administraciones con el tejido asociativo. Asimismo, seguiremos reforzando la posición de OBERAXE en el marco europeo como un referente en el estudio de la evolución del racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, así como en la monitorización de las redes sociales, auditando con rigor el comportamiento de las grandes plataformas en aras de la protección de los derechos humanos en el espacio digital.
Respecto a nuestra principal aportación a la sociedad, considero que debe ser generar confianza democrática y certidumbre basada en la evidencia, a través de datos científicos y objetivos. Queremos que la sociedad sepa que existe una institución pública velando de forma imparcial y constante por la igualdad de trato, combatiendo el prejuicio con información rigurosa y protegiendo ese bien tan valioso que es la convivencia democrática.













