La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología reservada a los laboratorios de investigación o a los departamentos de innovación. Su rápida evolución y la aparición constante de nuevas capacidades están comenzando a modificar la forma en que las organizaciones públicas gestionan la información, planifican sus recursos y toman decisiones.
En el ámbito de la seguridad local, esta transformación abre una oportunidad sin precedentes para mejorar la eficacia de los servicios policiales. Pero también obliga a afrontar importantes desafíos relacionados con la organización, la formación, la ética y la responsabilidad de quienes deberán decidir cómo integrar esta tecnología y con qué criterios utilizarla.
Lejos de plantear un debate futurista, la mesa redonda dedicada a la inteligencia artificial del Local Security Congress – Capítulo II, celebrado en Barcelona, permitió comprobar que muchas de estas cuestiones ya forman parte del presente de las policías locales.
El encuentro reunió a Benito Granados Santaella, intendente mayor de la Guardia Urbana de Barcelona; Manuel López Sánchez, comisario principal jefe de la Policía Local de Las Rozas; y Aitor Calero, director de Tecnología e Innovación de Esri España, bajo la moderación de Daniel Guillem Puig, intendente jefe de la Policía Municipal de Terrassa.
Las tres intervenciones ofrecieron perspectivas complementarias sobre una misma realidad: las organizaciones policiales deberán adaptarse a una tecnología cuyo ritmo de evolución supera ampliamente el de sus propios cambios organizativos.
La transformación comienza antes que la inteligencia artificial
Uno de los mensajes que con mayor claridad dejó la mesa fue que el éxito de la inteligencia artificial no dependerá exclusivamente de la tecnología disponible.
Antes de implantar nuevos sistemas, las organizaciones deberán afrontar una transformación interna que afecta a la forma de gestionar la información, ordenar los procesos y preparar a sus profesionales.
Desde la experiencia de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados defendió que la inteligencia artificial debe entenderse como una evolución natural dentro del proceso de transformación digital que muchas administraciones ya han iniciado.
Para ello resulta imprescindible disponer de información estructurada, fiable y correctamente gobernada. Ningún sistema inteligente puede ofrecer resultados útiles si trabaja sobre datos incompletos, dispersos o desorganizados.
Su intervención puso también el foco en la posibilidad de liberar a los profesionales de tareas repetitivas para que puedan concentrar sus esfuerzos en aquellas funciones donde el conocimiento, la experiencia y el criterio humano continúan siendo insustituibles.
La automatización, explicó, no debe contemplarse como una sustitución de las personas, sino como una herramienta para utilizar de forma más eficiente el talento disponible dentro de las organizaciones.
Granados expuso diferentes aplicaciones desarrolladas en Barcelona que ilustran cómo el análisis inteligente de grandes volúmenes de información ya puede facilitar investigaciones, detectar patrones y mejorar la planificación de determinados servicios.
Entre los ejemplos mencionados destacó un proyecto relacionado con los grafitis, basado en la comparación automatizada de miles de imágenes y datos previamente disponibles. El sistema permite localizar posibles coincidencias, aunque la validación y la decisión final continúan correspondiendo a un profesional.
La inteligencia artificial actúa así como una herramienta de apoyo que amplía la capacidad de análisis, pero nunca sustituye la valoración técnica ni la responsabilidad humana.
El liderazgo seguirá siendo una responsabilidad humana
Si la intervención de Benito Granados centró la atención en la transformación de las organizaciones, Manuel López trasladó el debate hacia el papel que deberán desempeñar los responsables policiales cuando las decisiones comiencen a estar apoyadas por sistemas de inteligencia artificial.
Estas herramientas incrementarán la capacidad de análisis de las organizaciones, pero no reducirán la responsabilidad de quienes las dirigen.
Al contrario, el liderazgo adquirirá una relevancia aún mayor porque los sistemas podrán formular recomendaciones cada vez más complejas y dejarán un rastro mucho más preciso de los datos utilizados y de las decisiones adoptadas.
Una de las frases que mejor resumió esa idea fue:
«La inteligencia artificial propone. El mando dispone. Y la firma responde.»
La decisión continuará correspondiendo a las personas y será el responsable policial quien deba asumir las consecuencias de las actuaciones adoptadas, con independencia del grado de sofisticación tecnológica alcanzado.
A partir de esta premisa, Manuel López abordó la necesidad de garantizar la supervisión humana de los procesos automatizados, evitar sesgos en los algoritmos y asegurar la transparencia, la explicabilidad y la trazabilidad de los sistemas.
También advirtió de que la inteligencia artificial se alimenta de datos acumulados durante años por las propias organizaciones. Si esos datos contienen sesgos, la tecnología puede reproducirlos e incluso amplificarlos.
Por ello defendió que la incorporación de estas herramientas debe sustentarse en principios como la necesidad y la proporcionalidad, la legalidad, la equidad, la ausencia de discriminación y la rendición de cuentas.
En ese contexto lanzó otra de las reflexiones más destacadas de la mesa:
«La inteligencia artificial jamás sustituirá a un agente de policía. Lo que sí ocurrirá es que sustituirá a quien no sepa trabajar con inteligencia artificial.»
Más allá de la contundencia de la frase, el mensaje trasladaba una idea compartida por todos los participantes: la tecnología no elimina la necesidad de profesionales cualificados; incrementa la importancia de contar con organizaciones preparadas para trabajar junto a ella.
Esa adaptación exigirá nuevas capacidades para interpretar datos, cuestionar los resultados, comprobar su adecuación al marco legal y asumir un liderazgo tecnológico que será, al mismo tiempo, técnico, jurídico y ético.
Del desarrollo tecnológico a la realidad operativa
La tercera perspectiva del debate llegó de la mano de Aitor Calero, quien acercó a los asistentes la evolución que está experimentando la inteligencia artificial desde el punto de vista tecnológico y algunas de las aplicaciones que ya comienzan a incorporarse al ámbito de la seguridad y la gestión de emergencias.
Su intervención evidenció que conceptos como los modelos de lenguaje, los agentes inteligentes o la inteligencia artificial geoespacial han dejado de ser desarrollos experimentales para convertirse en herramientas capaces de facilitar el acceso a la información, simplificar procesos de análisis y generar conocimiento operativo en tiempos muy reducidos.
Uno de los ejemplos más gráficos fue la posibilidad de interactuar directamente con sistemas cartográficos mediante lenguaje natural.
Una consulta que antes requería conocimientos técnicos especializados puede formularse ahora como una petición directa al sistema, que interpreta la información solicitada y genera automáticamente mapas, análisis o representaciones de los datos disponibles.
Calero diferenció entre la analítica tradicional, la inteligencia artificial geoespacial y los grandes modelos de lenguaje.
La primera continuará siendo la base de numerosos procesos. La segunda permitirá entrenar modelos cada vez más potentes y mejorar la capacidad para anticipar qué puede ocurrir, cuándo y dónde. Los modelos de lenguaje, por su parte, facilitarán la interpretación de los resultados y su explicación en términos comprensibles para quienes deben tomar decisiones.
Entre los casos expuestos destacó la utilización conjunta de drones e inteligencia artificial durante la DANA de Valencia.
A partir de las imágenes captadas por la Unidad de Drones de la Policía Municipal de Madrid, los sistemas permitieron identificar automáticamente calles bloqueadas por escombros y elaborar una cartografía operativa que facilitó la priorización de los trabajos de limpieza y el acceso de los servicios de emergencia.
En aproximadamente veinticuatro horas se dispuso de un cuadro de mando capaz de localizar las calles afectadas y orientar la respuesta operativa.
El caso mostró cómo estas tecnologías pueden convertirse en un apoyo de enorme valor cuando la rapidez en la obtención y el análisis de la información resulta determinante.
Más allá de las herramientas concretas, Aitor Calero insistió en que la velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial obliga tanto a las administraciones como a las empresas tecnológicas a mantener un proceso permanente de adaptación.
Los sistemas ya no pueden diseñarse para permanecer inalterables durante años. Deben concebirse para evolucionar, incorporar nuevas capacidades y garantizar en todo momento la trazabilidad de los modelos, los algoritmos y los datos utilizados.
Una nueva forma de entender la seguridad pública
Aunque las intervenciones partieron de enfoques diferentes, la mesa dejó una conclusión compartida: la inteligencia artificial no representa únicamente la incorporación de una nueva tecnología, sino el inicio de un cambio de paradigma en la seguridad local.
Su impacto va mucho más allá de la automatización de procesos. Afectará a la manera de organizar los servicios policiales, gestionar la información, formar a los profesionales y ejercer el liderazgo en unas organizaciones que deberán combinar innovación tecnológica con responsabilidad pública.
Su incorporación permitirá liberar recursos, mejorar la capacidad de análisis, facilitar investigaciones y acelerar la toma de decisiones. Pero, al mismo tiempo, incrementará la exigencia sobre quienes deban interpretar los resultados, justificar las actuaciones y asumir la responsabilidad última de cada decisión.
El verdadero desafío ya no consiste en preguntarse si la inteligencia artificial llegará a las policías locales. Ese proceso ya ha comenzado. La cuestión pasa ahora por decidir cómo incorporarla preservando el criterio profesional, garantizando la transparencia de los procesos y reforzando la confianza de la ciudadanía.
Como recordó Daniel Guillem al inicio de la mesa, la inteligencia artificial puede ayudar a las organizaciones policiales a «llegar más lejos». Sin embargo, las intervenciones dejaron claro que seguirá correspondiendo a las personas decidir hacia dónde avanzar, con qué límites y bajo qué principios. Porque la tecnología podrá ampliar las capacidades de las policías locales, pero el criterio, la responsabilidad y el liderazgo seguirán siendo, irrenunciablemente, humanos.
Puede visualizar íntegramente la mesa redonda a continuación.













